Hace unos días me sucedió algo que necesito contar, sobre la actitud de un empleado, me ha hecho reflexionar mucho sobre cómo son las relaciones empleado-empresa, en concreto en una empresa pequeña de servicios, y me pregunto ¿donde empieza y termina la responsabilidad del directivo para motivar a su equipo?
Pienso en concreto en una chica (de nombre ficticio EVA) que trabajaba en una sociedad, cuya ocupación principal era el trato con los clientes. En mi experiencia a EVA se la trató siempre bien, desde su incorporación hasta el último día de trabajo en la empresa. Cuando digo, se le trataba bien, pienso en términos objetivos, no de trato “palmadita en la espalda”, por ejemplo:
Sueldo
El sueldo de EVA estaba por encima de 30.000€ al año fácilmente (compuesto por fijo + variable por desempeño) sin contar comisiones. En enero de 2009 se le subió el sueldo un 15% sí sí he dicho el enero “plena crisis” de 2009 y subida de sueldo del 15%. La empresa consideró que debía apostar una vez más por EVA, y por eso se realizó este esfuerzo extraordinario en medio de la situación general económica en la que nos encontramos.
Horario
El horario de oficina para EVA era de 9:00 a 14:00 y de 16:00 a 18:30, que cumplía religiosamente, que sumadas su horario semanal no llegaba a las 40 horas. Nunca la encontraron en el despacho antes de las 9:00 ni más tarde de las 20:00, jamás. Los viernes por la tarde no trabajaba y en verano la empresa hace jornada intensiva de 8:00 a 15:00.
Vacaciones
La política de la empresa define el periodo vacacional entre el 1 de julio y el 31 de agosto. Pero a EVA estas fechas no le “iban” bien, porque su novio (que trabaja en otra empresa) no le permitía hacer vacaciones en verano. EVA hacía vacaciones cuando quería, así de simple, ella pedía una fecha y la empresa se lo concedía.
Tiquets restaurante
En el equipo donde trabajaba EVA se retribuía parte del salario con Tiquets Restaurante. A EVA no le iba bien comer fuera de casa por lo que la empresa se tuvo que adecuar. Esta es una política general de empresa y hacerlo de forma selectiva para unos trabajadores sí y otros no tiene costes para la empresa, pero se aceptó su petición, por su salud.
Desplazamientos y Dietas
En los desplazamientos EVA (durante los primeros 2 años y hasta la llegada de la crisis) los hacía en coche para un trayecto que se puede hacer en tren. Si en el desplazamiento se bebía una coca-cola lo añadía a las dietas y la empresa se lo pagaba, considerando que de este modo se aligeraba la “carga” de tener que desplazarse 90km en un día, digamos que no se la controlaba, se confiaba en ella y su criterio de gasto.
Compras en horario de oficina
Cuando llegaba a la oficina EVA solía hacer sus compras en uno de los clubs privados de compra más conocidos en España. Esto era conocido por sus jefes y compañeros de trabajo, incluso la dirección de envío de sus compras era la propia oficina por lo que era muy normal ver alguna caja con la marca del proveedor.
En realidad esta situación era buena, para EVA y también para le empresa, ya que el espíritu de la empresa es dar autonomía a los empleados y concederles el máximo de beneficios para que se sientan bien en su lugar de trabajo.
Y llegó la crisis económica (la de todos)
Los resultados empezaron a bajar y se pidió a las personas clave del equipo que ahora era el momento de empujar más que nunca para sacar la empresa adelante, a lo que EVA respondió “quiero jornada intensiva”. Daba igual que la empresa estuviera en una situación crítica, que se le hubiera pedido que hiciera un esfuerzo de actitud, que tan solo una semana atrás volvía de unos días de vacaciones en plena primavera,… EVA quería jornada intensiva, pero debido a su cargo en la empresa, esto no era posible, a menos que se redujera su salario y la empresa duplicase su puesto por las tardes, algo que no sucedió.
Así fue que, al no ver sus deseos cumplidos EVA enfermó y el mismo día siguiente presentó la baja por enfermedad. Cuando digo que enfermó, me refiero a este tipo de enfermedades comunes que le permiten a uno ir a la playa por la mañana y de compras por la tarde. Pasaron varias semanas, entre una cosa y otra el centro de trabajo donde estaba EVA se cerró y se abrió otro en una población cercana (90 km), al que EVA no quiso ir (con todo su derecho) seguía enferma, “en la playa por la mañana y de compras por la tarde”, motivo por el cual terminó su relación laboral con la empresa, con su indemnización y derecho al paro por supuesto.
Entonces, después de estos años de relación y de esfuerzos continuos para mejorar sus condiciones de trabajo y carrera profesional ¿porque no correspondió con interés por el beneficio de la empresa? cuando la empresa había estado pensando en EVA en forma especial, positiva y personal.
Como decía un ex-jefe mío, la “solitud del jefe” es una realidad, todos se van a desayunar y tú (si eres el jefe) te quedas solo en la oficina, te giras para ver quien se levantó y la puerta se cierra, nadie te vino a buscar, nadie te avisó. No lo critico, forma parte de las relaciones entre grupos y la socialfilia.
Pero más allá de la “solitud del jefe” justificada, qué pasa con estos empleados que nunca están contentos, que siempre necesitan que estés tu detrás motivándolos… estoy de acuerdo en que es necesario ser líder para levantar una empresa y tener al equipo motivado, pero ¿la responsabilidad no debería ser compartida? yo creo que sí.
Y tú qué piensas de todo esto?
Jaume